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Ofrenda del Día de Muertos, una tradición muy mexicana.

Imagen: Dane Strom

 

La ofrenda del Día de Muertos es una mezcla cultural donde los europeos pusieron algunas flores, ceras, velas y veladoras; los indígenas le agregaron el sahumerio con su copal y la comida y la flor de cempasúchil (Zempoalxóchitl). La ofrenda, tal y como la conocemos hoy, es también un reflejo de la fusión del viejo y el nuevo mundo. 

Se recibe a los muertos con elementos naturales, frugales e intangibles -incluimos aquí las estelas de olores y fragancias que le nacen a las flores, al incienso y al copal-.

 

¿Qué elementos no deben faltar en mi ofrenda?

 

El agua

La fuente de la vida, se ofrece a las ánimas para que mitiguen su sed después de su largo recorrido y para que fortalezcan su regreso. En algunas culturas simboliza la pureza del alma.

 

El pan (comida)

El ofrecimiento fraternal es el pan. La iglesia lo presenta como el “Cuerpo de Cristo”.

Elaborado de diferentes formas, el pan es uno de los elementos más preciados en el altar. También pueden estar los platillos y bebidas que más disfrutaban nuestros seres queridos en vida. 

 

Copal e incienso

El copal era ofrecido por los indígenas a sus dioses ya que el incienso aún no se conocía, este llegó con los españoles. Se utiliza para limpiar el lugar de los malos espíritus y así el alma pueda entrar a su casa sin ningún peligro.

 

Velas y veladoras

En el pasado se utilizaban rajas de ocote. En la actualidad en México se usa el cirio en sus diferentes formas: velas, veladoras o ceras. La flama que producen significa luz, fe, esperanza. Es una guía para que las ánimas puedan llegar a sus antiguos lugares. En varias comunidades indígenas cada vela representa un difunto, es decir, el número de veladoras que tendrá el altar dependerá de las almas que quiera recibir la familia.

 

La sal

El elemento de purificación, sirve para que el cuerpo no se corrompa, en su viaje de ida y vuelta para el siguiente año.

 

Las flores

Son símbolo de la festividad por sus colores y estelas aromáticas. Adornan y aromatizan el lugar durante la estancia del ánima, la cual al marcharse se irá contenta, el alhelí y la nube no pueden faltar pues su color significa pureza.

 

En muchos lugares del país se acostumbra poner caminos de pétalos que sirven para guiar al difunto del campo santo a la ofrenda y viceversa. La flor amarilla del cempasúchil deshojada, es el camino del color y olor que trazan las rutas a las ánimas.

 

Los indígenas creían que el cempasúchil era una planta curativa.

 

El petate

En este día en particular funciona para que las ánimas descansen así como de mantel para colocar los alimentos de la ofrenda.

 

El izcuintli

Lo que no debe faltar en los altares para niños es el perrito izcuintli en juguete, para que las ánimas de los pequeños se sientan contentas al llegar al banquete. El perrito izcuintle, es el que ayuda a las almas a cruzar el caudaloso río Chiconauhuapan, que es el último paso para llegar al Mictlán.

 

El papel picado

El papel picado de colores de morado, rosa y naranja simbolizan la unión de la vida y la muerte.

 

 

Información proporcionada por INPI | Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas

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